¿Qué pensionistas cobrarán hasta 400 euros menos en su paga extra de Navidad?

Hacienda cambia el criterio de retención para los pensionistas que tiene deudas

Cerca de 75.000 pensionistas cobrarán hasta 400 euros menos en su paga extra de Navidad. Este recorte responde a un cambio de criterio por parte de la Dirección General de Tributos para el descuento que se realiza de forma habitual a aquellos pensionistas que tienen deudas con Hacienda. Es decir, no afectará a los que estén al día con sus obligaciones tributarias.

¿A qué pensionistas recorta Hacienda la paga extra de Navidad?

La retención ya se aplicaba a los nuevos pensionistas, pero se ha extendido al resto de los que están sujetos a algún embargo. El recorte dependerá de la cuantía de la pensión, quedando libre aquellas que no superen el salario mínimo interprofesional (SMI), fijado en 950 euros brutos mensuales para 2020. Una vez se supere esa cifra, se aplica el 30% para los que su pensión no supere el doble del SMI (1.900 euros), el 50% para lo que cobren hasta tres veces el salario mínimo (2.850 euros), el 60% hasta el importe equivalente a cuatro SMI (3.800 euros), el 75% para los que tengan una pensión que no supere los (4.750 euros) y del 90% para el resto.

¿El recorte será igual todos los meses?

El importe ha aumentado este mes debido a que en los meses de paga extra (noviembre y junio) se estaba deduciendo menos importe de que correspondía a un grupo de pensionistas morosos, según explican desde la Seguridad Social. La retención a los que tienen deudas con Hacienda es mayor en noviembre por ser mes de paga extra, por lo que a partir de dieciembre no se aplicará, según indica Europa Press.

Es posible que ya haya visto este recorte en su paga extra. Aunque, la Seguirdad Social ordena el pago de la extra junto con la nómina de noviembre entre el 1 y 4 de diciembre, algunos los bancos suelen adelantarlo al 25 de noviembre.

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Hacienda recorta por sorpresa la paga extra a 75.000 pensionistas

La paga extra de alrededor de 75.000 pensionistas ha llegado con una sorpresa. El ingreso ha sido inferior hasta en 400 euros por un cambio de criterio de Hacienda, que ha endurecido los descuentos por embargos.

La paga extra recibida hoy por los pensionistas ha tenido una sorpresa desagradable para 75.000 de ellos. Su nómina procedente de la Tesorería de la Seguridad Social se ha visto recortada hasta en 400 euros debido a la aplicación estricta de los criterios de embargos del Ministerio de Hacienda, que ha empezado a ejecutar sobre el importe de la prestación.

El recorte aplicado a la extra responde a una iniciativa de la Dirección General de Tributos, que hasta ahora aplicaba las retenciones importes inferiores a los que ahora ha procedido a aplicar. Para la gran mayoría de estos pensionistas afectados, el cambio de criterio ha sido una sorpresa, si bien el pagador de la prestación, Seguridad Social, asegura que “están informando por carta”

“En los meses de paga extra se estaba deduciendo menos de lo que la dirección general de tributos dice ahora que hay que descontar. Así que los que tengan embargada parte de la pensión este mes, algunos, cobrarán menos“, explican en Seguridad Social.

El ministerio encargado de la gestión de las pensiones explica que la nueva política de embargos relacionada con las prestaciones está sujeta a las normas tributarias que marca Hacienda y que el recorte se aplica solo sobre la paga extra, por lo que en la correspondiente al mes de enero no se aplicará. Las mismas fuentes indican que los embargos no se aplican sobre pensiones de importe inferior al Salario Mínimo Interprofesional (SMI). . Nosotros aplicamos las normas tributarias”, explican.

Por su parte, el Ministerio de Hacienda explica que se ha limitado a aplicar la norma que señala los límites de embargabilidad en el artículo 607 de la Ley de Enjuiciamiento Civil y que se aplican sobre la totalidad de las percepciones salariales, incluyendo también la paga extraordinaria. “Lo que ha sucedido en el mes de diciembre es la estricta aplicación legal del criterio mantenido en diversas consultas tributarias desde el año 2016 y por la propia Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social en 2018”, indican fuentes del ministerio. Hacienda indica que el criterio de embargos ya se aplicaba sobre los nuevos pensionistas y lo que ha sucedido ahora es que se ha extendido al resto, evitando “tratos doscriminatorios”.

Los embargos son una diligencia que emite la Dirección General de Tributos y que ejecuta retiene después la Seguridad Social para ingresar la cantidad retenida en el Tesoro. Fuentes de Hacienda explicaron a Europa Press que diversas consultas emitidas por la Dirección General de Tributos en los ejercicios 2016, 2017 y 2018 establecen que el criterio aplicado ahora fue refrendado por la propia Seguridad Social en 2018. La Seguridad Social, por su parte, explicó que este mes se ha aumentado el importe a descontar de la pensión debido a que en los meses de paga extra se estaba deduciendo menos importe del que correspondía a cierto grupo de pensionistas con embargos con Hacienda.

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Crecen las ‘colas del hambre’ en Madrid: “Con los 300 euros del ERTE no podemos comer”

Como ocurriera con la primera ola del coronavirus, la inseguridad económica ha provocado que cientos de familias en Madrid se vean obligadas a pedir comida creando largas colas frente a los bancos de alimentos. “Son los grandes olvidados, de los que nadie se acuerda”

Cuando hablamos de esta segunda (o tercera) ola de la Covid en la que vivimos, el soniquete político acalla muchas veces la precariedad en la que la sociedad se está sumiendo. Las conocidas como “colas del hambre” crecen, “enormemente”, ante los ERTEs, los ERE, la falta de ayudas y el fin de los ahorros de familias que se han visto sin ingresos durante estos ocho meses.

Ante esa situación los bancos de alimentos, centros sociales y asociaciones se vuelcan para dar comida básica a estas personas que no hacen más que aumentar las listas de Cruz Roja, Cáritas Madrid o de las asociaciones vecinales.

Sólo la Plataforma de Trabajadores en Paro de San Blas-Canillejas atiende a 400 familias; 40 son las familias atendidas por la Despensa de Usera “muchas las derivamos a Cruz Roja o a Cáritas Madrid porque no podemos atenderlas”, explica la coordinadora de la asociación; el párroco de la Iglesia Santa María Micaela y San Enrique que habla de una cantidad “ingente de personas” y los trabajadores de los dos bancos de alimentos con los que cuenta la parroquia del barrio de Tetuán matizan: 500 familias en el banco de alimentos de la Fundación Madrina y 300 en el banco de alimentos del grupo paraguayo de la parroquia.

“Recibimos apoyo del Summa 112, los bomberos y la Policía Municipal que nos ayudan a repartir a aquellas familias a las que no llegamos”, explica Conrado Giménez, presidente y fundador de Fundación Madrina. Al principio solo repartían comida una vez al mes, luego una vez a la semana, “ahora estamos aquí miércoles y viernes”.

Su banco de alimento se encuentra a un lado de la iglesia, y las colas dan la vuelta al edificio. Allí mujeres como Claudia, Samantha, María Gracia, Eva o Tania acuden con sus niñas a recoger comida. En sus bolsas y carros hay un poco de todo: pasta, arroz, lentejas, algo de verdura, toallitas, pañales… “Por suerte la Fundación Madrina cuenta con buenos fondos y también recibimos alimentos del Banco de alimentos”, explica Giménez, “Aunque ahora tanto el Banco como las despensas están vacías”. Sólo las fundaciones como Madrina cubren el 70% de la pobreza de Madrid y calculan que la pobreza infantil crecerá un 50% en los próximos meses.

HA CAMBIADO EL PERFIL

Tania y Eva con sus niñas y otras madres tras recoger la comida de Fundación Madrina
Tania y Eva con sus niñas y otras madres tras recoger la comida de Fundación MadrinaÁngel Navarrete

En los registros hay 500 familias que van a esta parroquia, aunque la Fundación Madrina atiende diariamente a 3.000 familias en Madrid, antes del confinamiento eran 600. “La gran mayoría son madres solteras que han sido abandonadas por los padres durante este confinamiento”. Lo cierto es que el perfil de la gente que conforma las colas para recoger comida ha variado respecto a marzo: “Antes venían los que ya vivían al día, ahora vienen también los que se han quedado sin ahorros y no tienen ayudas ni encuentran trabajo”.

Trabajo es lo que piden las personas que durante toda la mañana de este viernes estuvieron haciendo la cola para recibir la comida y los elementos necesarios para subsistir. “Vivo con mi hija en una casa en la que llevo sin pagar el alquiler siete meses”. Eva se dedicaba a la hostelería, aunque “realmente he trabajado de todo: limpiando, de cajera, cuidando a mayores”. A su lado un torbellino de 10 meses se retuerce sobre sí mismo llamando su atención. “Desde que nació vi necesario pedir ayuda porque no podía asegurarle la comida. Ahora no me sale trabajo y no puedo pagar nada, el casero me paga el agua y la luz, y no sé hasta cuando aguantará esta situación”.

Tania vive con su madre y su hija de cuatro años en la casa de la primera. También se dedicaba a la hostelería, de manera esporádica, y a cuidar de mayores. Pero los bares ya no la contratan y la señora que atendía ha pasado la pandemia en una residencia. “Sólo tenemos el ERTE de mi madre, que era camarera. Pero con 300 euros no podemos pagar el alquiler, la luz, el agua y la comida”. Y ahora, además, las mascarillas para ir al colegio. “Esa es otra, me es imposible pagar todo”, murmura.

Un poco más alejado está David con su mascarilla rojiblanco. Él pertenece al mundo de la construcción y acude a este banco de alimentos para dar algo de comer a sus hijos. Desde marzo él y su mujer están desempleados y el único dinero que entra no da ni para pagar el alquiler. “Mi principal preocupación es la comida de mis hijos, de momento el casero acepta nuestra situación. Aunque no sé hasta cuándo, llevo sin pagar desde junio”.

Cloe a sus siete meses es la encargada de amenizar con sus quejas y llantos la espera.

– Posiblemente ya tenga hambre, es casi la una y media.

– Pues sí, pero ya nos vamos, llevamos aquí desde las diez de la mañana.

Claudia es su madre, del “pseudo-padre nada sabemos”, la tuvo al principio del confinamiento y tras ser despedida de su puesto como azafata. “No me renovaron el contrato al estar embarazada”. Durante los meses de confinamiento vivió de la caridad de los vecinos, “ahora me vengo todas las semanas desde San Sebastián de los Reyes para que me den un poco de comida con la que alimentarla”. “Ya ni lloro, ella solo me tiene a mí y yo a ella”.

Dentro de las colas que rodean la iglesia a esta situación se le suma la dificultad de conseguir el empadronamiento. Es el caso de Karin, que no puede volver a su país y aquí no consiguen los papeles. “Sin ellos no puedo pedir ayudas ni trabajo y me van a desahuciar”.

La despensa del banco de alimentos del grupo de paraguayos de la parroquia de Santa María Micaela y San Enrique, en el barrio de Teuán.
La despensa del banco de alimentos del grupo de paraguayos de la parroquia de Santa María Micaela y San Enrique, en el barrio de Teuán.ÁNGEL NAVARRETE

“Aquí encuentras historias de todo tipo”, informa Conrado Giménez. “Las ayudas no llegan, tampoco el dinero y las medidas que toman los políticos no se notan aquí”. Las “colas del hambre”, que esporádicamente salen en los medios de comunicación, no dejan de crecer: “Son los grandes olvidados, de los que nadie se acuerda”.

“ES SORPRENDENTE LA SOLIDARIDAD QUE HAY”

Ante ello en la Fundación Madrina como en el otro banco de alimento de la Iglesia de Santa María Micaela y San Enrique, aunque piden que estén empadronadas y documentación con la que justifiquen la necesidad de recibir ayuda, muchas veces acogen a aquellas personas que están esperando el padrón. “Son personas que necesitan ayuda, cómo no hacerlo”, indica Paola Desiree.

El banco de alimentos que coordina en la parroquia nace de una asociación de paraguayos que comenzó ayudando económicamente a los más necesitados y acabó en junio estableciendo unas mesas y una entrega de comida a 375 familias todos los viernes. “2.000 kilos de comida en total”, señala.

Esta pequeña asociación recibe verduras del día de MercaMadrid y donaciones de productos no perecederos y alimentos para bebés. “Al principio el Banco de Alimentos nos dijo que no podían darnos nada de comida porque no había, luego nos llamaron. Fue un milagro”.

Lo guardan todo en una pequeña habitación con estanterías con paquetes de pasta, aceita, papillas, potitos y batidos. A final de mes, esta despensa está bajo mínimos. “Recibimos a principios de mes nueva remesa. No es mucha cantidad pero nos sirve para ayudar a las familias”. Al principio no creían que acudirían tantos, pero ahora con donaciones y el apoyo de MercaMadrid consiguen abastecer a varios centenares de familias, muchas de ellas con hijos. “Me sorprendió y me emocionó la solidaridad que hay”.

Las verduras para preparar caldos nutritivos a los niños llenan los carros y bolsas de Nancy, que vive con su hijo y sus nietos en la casa; de Marjorie, a punto de dar a luz a su tercer hijo; o a Kyale que a sus 25 años hace cola para llevar a su prima embarazada y madre de otra hija algo de comer.

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El mundo al borde de una “pandemia de hambre”

El mundo al borde de una “pandemia de hambre”: el coronavirus amenaza con sumir a millones de personas en la hambruna.

Las comunidades pobres de todo el mundo están enviando un mensaje claro, urgente y repetido: “Moriremos antes de hambre que de covid”. Combinada con los conflictos en curso, la espiral de desigualdad y la escalada de la crisis climática, la pandemia ha sacudido hasta sus cimientos un sistema alimentario ya de por si deficiente, dejando a millones de personas al borde de la inanición.

Si no actuamos ya, hasta 12.000 personas al día podrían morir de hambre debido a las repercusiones sociales y económicas de la pandemia antes de que finalice el año, tal vez más de las que morirán cada día a causa del covid.

En los últimos meses, hemos tomado medidas extraordinarias para tratar de reducir a cero el número de casos de COVID-19. Ahora, necesitamos el mismo esfuerzo titánico para llegar a cero casos de hambre.

Más hambre en un mundo hambriento

En nuestro mundo profundamente desigual, cada año, millones de personas viven y mueren de hambre. Se estima que en 2019 había 821 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria, de las cuales aproximadamente 149 millones sufrían hambrunas de nivel de emergencia o más.

La actual crisis no se debe a una falta de alimentos. Estos niveles de hambre devastadores son un síntoma de un sistema alimentario deficiente que ha permitido que millones de personas pasen hambre en un planeta que produce suficientes alimentos para todas y todos.

La pandemia de coronavirus ha echado leña al fuego de esta creciente crisis alimentaria y ha exacerbado las desigualdades y vulnerabilidades existentes, al tiempo que ha empujado a millones de personas hacia la inseguridad alimentaria como resultado de la espiral de desempleo y los problemas económicos causados por la enfermedad.

Desempleo masivo

La drástica desaceleración de la economía mundial, unida a las restricciones a la libertad de movimientos, se ha traducido en una pérdida masiva de empleos a nivel global en los últimos meses. Sin ingresos ni apoyo social, millones de personas se han quedado sin dinero para comer. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que se han perdido el equivalente a 305 millones de empleos a tiempo completo a causa de la pandemia, algo que ha afectado especialmente a jóvenes y mujeres. La consecuencia es que 500 000 millones de personas más podrían verse sumidas en la pobreza.

Los agricultores y las agricultoras, al límite

Los/as pequeños/as agricultores/as, que son la columna vertebral de los sistemas alimentarios locales en muchos países en desarrollo, se han visto gravemente afectados por las restricciones de confinamiento que limitan su capacidad de acceso a sus tierras para plantar o cosechar cultivos, o para acceder a los mercados y vender sus productos o comprar semillas y herramientas.

Sin embargo, a lo largo de la pandemia, las personas que trabajan en el sector de la alimentación han sido los verdaderos héroes y heroínas, trabajando en la primera línea de la producción alimentaria en los campos y las fábricas para hacer llegar los productos al resto del mundo. Con demasiada frecuencia, estas personas han trabajado en condiciones peligrosas por un salario ínfimo, a pesar de que las gigantescas compañías alimentarias han obtenido millones y millones de beneficios.

Las mujeres, las más afectadas

Incluso una hambruna durante un corto período de tiempo puede tener un efecto devastador a largo plazo en un país y frenar su progreso económico durante generaciones. Estadísticamente, las personas afectadas por el hambre y la malnutrición crónicas tienen más probabilidades de vivir en la pobreza durante toda su vida.

Los puntos críticos del hambre extrema

Hemos identificado 10 países en los que la crisis alimentaria es más grave y está empeorando debido a la pandemia: Yemen, República Democrática del Congo (RDC), Afganistán, Venezuela, la zona del Sahel de África occidental, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Siria y Haití, pero también están surgiendo nuevos focos de hambre. Los países de ingresos medios como la India, Sudáfrica y Brasil están experimentando un rápido aumento de los niveles de hambre.

Más de 55 millones de personas en siete de los países más afectados se enfrentan a niveles de inseguridad alimentaria de severos a extremos, algunos de los cuales se acercan a condiciones similares a la hambruna.

Necesitamos tu acción ahora

Las Naciones Unidas han advertido de hambrunas de “proporciones bíblicas” como resultado del COVID-19 y de las medidas para contenerlo, y se estima que el número de personas en situación de hambruna crítica aumentará a 270 millones antes de finales de año, lo que representa un aumento del 82 % desde 2019.

Más gente podría morir de hambre a causa de la crisis derivada del coronavirus que por el propio virus.

Desde el comienzo de la pandemia, Oxfam ha llegado a 4,5 millones de las personas más vulnerables del mundo con alimentos y agua potable, trabajando junto con más de 344 organizaciones socias en 62 países. Ayúdanos a hacer más; dona ahora.

 

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Colas en Santa Cruz para recoger una bolsa de comida

La ONG de África Fuentes, en García Escámez, atiende cada viernes a cerca de 400 personas que acuden en busca de comida.

Son las diez y media de la mañana. La cola da la vuelta al Mercado de la Abejera. Cientos de personas esperan pacientemente a que la ONG que preside la incombustible África Fuentes, en García Escámez, comience el reparto de alimentos que, cada viernes, permite a unas 400 familias llevar algo de comida a casa. Preocupa el virus. Todos van con mascarilla e intentan mantener las distancias, muchas veces sin conseguirlo. Pero preocupa más el hambre. Huevos, lentejas, atún, arroz… Son solo algunos de los productos de las cajas. Hoy no hay leche, ni gofio. “Es lo que más nos hace falta ahora, porque con una tasa de leche y un poco de gofio resuelves una comida”, cuenta África, que, a sus 85 años, dice no tenerle miedo a la COVID-19, “o me mata el virus o la vejez”. Comienza el reparto. Carritos de compra gastados o simples bolsas de supermercado sirven para recoger los alimentos. Todos esperan pacientemente a que griten su número, el mismo que los voluntarios les han dado a su llegada en función de si tienen “los papeles” o no los tienen.

Juan Manuel Vega Fachi es el coordinador de la ONG. “Atendemos a unas 400 personas a la semana, tanto a los que vienen derivados por los servicios sociales como a los que no”. Matiza que intentan que todo el mundo acuda, al menos, con una cita concedida por los servicios sociales. “Nos vale con que nos muestren la fecha de la cita. A todos nos interesa que vengan con los papeles en regla, porque eso supone que podemos acceder a más alimentos”.
El coordinador detalla que tienen mesas en la que se cotejan los datos de los usuarios. “Si vemos que llevan varios semanas viniendo sin la justificación, advertimos de que a la próxima no podremos ayudarlos”. Así lo vocea uno de los voluntarios a lo largo de la cola: “si no traen la cita con la trabajadora social no podemos darles más comida”. Muchos de los que están esperando se miran sin entender muy bien qué significa eso.

Fachi cuenta que cada semana vienen unas 50 personas nuevas. Es el efecto pandemia. “Si hacemos el cálculo, solo nosotros, al mes, atendemos a unas 1.600 personas, pero si multiplicas esa cifra por los miembros de cada una de las familias podríamos estar hablando de más de 3.000”.
A la pregunta de qué necesitan, la respuesta es obvia: comida. “A las empresas grandes les pedimos que si tienen partidas que van a tirar, pero que aún están en fecha, nos las den, nosotros la repartimos. El banco de alimentos nos suministra comida el primer y tercer jueves de cada mes, por lo que el resto lo pasamos muy apurado”. Gracias a empresas como Jesumán, cuenta Fachi, “tenemos lácteos como yogures o quesos. Pero, por ejemplo, también necesitamos potitos o leche para bebés”. Hoy han conseguido una partida de chacina y casi todos pueden llevarse a casa algo de jamón.*

En cuanto al perfil de los que acuden, “son gente sin trabajo y muchos ni siquiera tienen una casa en la qué cocinar unos huevos”, cuenta el coordinador. “Hemos tenido que poner unas cajas en los alrededores -continúa- para que dejen allí la comida que no quieran, porque hemos detectado que hay gente que ni siquiera tiene casa y si tu le das algo para cocinar, pero no tiene con qué o dónde hacerlo no les sirve de nada”.

Por su parte, África Fuentes, añade que la mayoría de los que acuden sin los papeles son venezolanos o cubanos que llevan aquí unos meses, y aún no han podido regularizar su situación. “A esa gente yo no les puede decir que se vayan” defiende. “No le doy de la comida de la UE -continúa- porque esa es para los que tienen todo en regla, pero le doy de las donaciones que nos hacen”. Añade que, “esta pelea la tengo siempre con las administraciones, y siempre le digo lo mismo, para comer no hace falta papeles”.

La cola de los que aún no tienen la derivación ratifica las palabras de Fuentes. Entre ellos, un hombre de 68 años, cubano de origen y con la nacionalidad española. Lleva dos años en la Isla. “Somos mi mujer y yo. Con el dinero que me manda una sobrina de Estados Unidos, y algún trabajo que hace mi mujer, vamos subsistiendo”, explica. Dice que se quiere ir con su sobrina, “pero está todo cerrado”. A su lado, otro hombre asiente dándole la razón.
Otra mujer más (la mayoría de la cola lo son) es española de nacimiento y llegó de Venezuela hace un año. Su hija estudia gracias a una beca y ella busca trabajo. “Mi hija tiene que formarse, para buscar trabajo ya estoy yo”. A sus 64 años confía en conseguir algo de trabajo o que el ingreso mínimo vital sirva para mejorar la situación, pero también critica que las administraciones no están respondiendo con la rapidez con la que debieran y señala la cola que está delante de ella. Vive en El Rosario y llega a García Escámez como puede.*

Precisamente esa es una de las peticiones de África Fuentes. “Son gente sin ingresos, y si encima tienen que comprarse un bono, es comida que se quitan, por eso pedimos que den más bonos, nosotros no siempre tenemos”. Cuenta África que lo primero que hace por las mañanas es ver a quién llama y agradece la respuesta que recibe, especialmente de la Caixa, que siempre se pone. También da gracias al Ayuntamiento por toda la ayuda que le da.
Ya son casi las doce del mediodía y la cola sigue. Los propios voluntarios reconocen que la Policía Local no tardará en aparecer para recordar el cumplimiento de las medidas anticovid. África, al pie del cañón, supervisa la entrega de los alimentos y le recuerda a la periodista que no se olvide de mencionar que necesitan donaciones, “leche y gofio” repite.

África Fuentes: “Para comer no hace falta papeles”

Medalla de oro al Mérito Civil o Hija Predilecta de Tenerife, son dos de los reconocimientos que ha recibido África Fuentes por su labor al frente de la ONG de García Escámez. El primero lo recibió de manos de los Reyes y el segundo se lo entregó el Cabildo. Sigue ceyendo que no hace nada especial. “Si está en mi mano, nadie se queda sin comer”. Y esa es una de las cosas que la diferencia, atiende por igual a los que vienen con papeles que a los que no, porque, como repite, “para comer no hace falta papeles”.

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Bancos de alimentos de España piden ayuda ante falta de suministros

En Madrid, los bancos de alimentos alertan que las colas de personas necesitadas aumentan y los suministros escasean. Piden ayuda tanto a particulares como a gobiernos.

Las llamadas “colas del hambre” siguen creciendo en España y cada día se hace más difícil repartir alimentos a los más necesitados, aquellas familias que quedaron en estado de vulnerabilidad debido a la crisis económica que dejó la pandemia del coronavirus.

Conrado Jiménez, presidente ejecutivo de la Fundación Madrina, explica que la llegada de las vacaciones y el cierre de algunos comedores sociales ha dificultado aún más la situación.

Bolsas de reparto en la parroquia San Juan de Dios de Vallecas, en Madrid

Cien kilos de comida al mes: la parroquia de Madrid que ayuda a decenas de familias
“La situación se ha prolongado en el tiempo, la gente pierde los ahorros, los pocos ahorros que tenían, con los que han estado aguantando, y nos encontramos con casos tremendos. Nos estamos encontrando con azafatas de tierra, españolas, con arquitectos que son autónomos”, precisa Jímenez.
En la parroquia Santa María Micaela y San Enrique, en Madrid, se puede ver cómo miles de familias hacen cola para obtener un poco de comida.

“En este momento estamos atendiendo a 400 familias en situación vulnerable, a 400 madres con niños en situación vulnerable. Luego, en Santa Eugenia, estamos repartiendo menús, unos 1.800, el 60% de todos los menús que hacen World Central Kitchen y otros restaurantes, Miele también nos está dando. Lo estamos repartiendo a todas las familias, cerca de 2.000, 2.500, 3.000 familias al día “, indica Jiménez.

Y los pobres… ¿que comerán durante la crisis?
A diario fundaciones sociales se despliegan por diversos puntos del país. El suministro se hace en pocas horas, lo difícil de cada día ha sido reponer los bancos de alimentos.
“Todos los días salen siete toneladas de alimentos y tenemos que reponerlos. En este momento están cerrados todos los comedores sociales, Cáritas, Cruz Roja, están cerrados los bancos de alimentos, no tienen alimentos, entonces estamos acudiendo un poco a la caridad, a la providencia, todos los días rezamos y gracias a Dios esas siete toneladas de alimentos se vuelven a llenar con otras siete toneladas que vienen de donaciones particulares. Pedimos también a Alemania y a otros sitios que nos ayuden porque la situación es insostenible. Esto va creciendo, se va prolongando en el tiempo la situación de crisis y no hay ninguna cobertura ni estatal ni comunitaria que pueda sostener esta situación”, advierte Jiménez.

© SPUTNIK / ALBERTO GARCÍA PALOMO

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Las “colas del hambre” se alargan en los barrios obreros de las grandes ciudades

Son cientos de miles de familias las que están atravesando meses muy complicados económicamente…

Son cientos de miles de familias las que están atravesando meses muy complicados económicamente por no recibir ningún ingreso. Algunas de ellas podrían optar por el ingreso mínimo vital que va a poner en marcha el próximo mes de junio el Gobierno central. Por ahora lo que les queda es la solidaridad vecinal en sus barrios. Porque muchos de los barrios obreros de las grandes metrópolis españoles comienzan a registrar en sus calles larguísimas colas de personas pobres que esperan durante horas para conseguir algo de comida gratis. En esta pandemia la solidaridad de vecinos y comerciantes está paliando el hambre, porque los servicios sociales del Ayuntamiento, por ejemplo de Madrid, no están dando respuesta a esta nueva situación.

-Redacción-ABC

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Las colas del hambre para recoger comida siguen creciendo en Madrid

Desde que llegó a España la pandemia por coronavirus, las llamadas ‘colas del hambre’ para recoger comida no han dejado de crecer en la Comunidad de Madrid.

Ante esta crisis sanitaria, social y económica, la solidaridad de los madrileños para apoyar a quienes peor lo estaban pasando ayudó a miles de personas cuando llegó la pandemia. En estos momentos, en plena la segunda ola de coronavirus, el reto es aún mayor.

“En España hay pobreza y hay hambre”
El padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, ayuda desde hace años a los más necesitados en la Iglesia de San Antón, en el centro de Madrid, y ha apuntado que “lo que nos toca ahora es salvar vidas. Por los datos que nos siguen dando de fallecimientos y de contagios, la situación tiene muy mala pinta. Pero tiene la buena pinta de que nos estamos concienciando”, asegura.

Su esperanza es la solidaridad que ha visto entre los vecinos. Cree que las autoridades y la sociedad empiezan a reconocer la situación, porque en España “hay pobreza y hay hambre. Hay que ser realistas, estas enfermedades no son un juego, pero hay que tener esperanza y luchar”.

La solidaridad vecinal hace frente al hambre
Las personas que necesitaban ayuda a poder comer a diario eran muchas en Madrid, pero la situación actual ha hecho que ahora sean muchas más. Al respecto, el padre Ángel ha señalado que “hay mucha gente que cuando llega la noche no tiene nada que dar de comer a sus hijos. Hay muchas personas que tenían negocios y los han perdido y no tienen para comer y vienen a pedir ayuda. Son personas que antes tenían un trabajo, podían comprar pan y leche. Hoy necesitan ir a los bancos solidarios para comer una vez al día”.

En la despensa solidaria de Carabanchel se está haciendo muy buen trabajo, son una muestra de solidaridad vecinal, ya que están repartiendo 200 cestas semanalmente entre las personas que más las necesitan.

Esta organización, desde que empezó la pandemia, no ha parado de aumentar su capacidad. En la actualidad tienen una lista de 247 familias, pero no llegan a todas. Un total de 52 están en lista de espera. Cuando una se da de baja porque ya no lo necesita, atienden a otra. En total llevan ya 500 hogares.

Muchas familias madrileñas necesitan ayuda
Muchas personas se abastecen durante la pandemia con el apoyo de los vecinos y comercios que les proporcionan alimentos. Las mismas personas que necesitan esos productos, se encargan de organizarlos y repartirlos.

Una de las personas que participan en la organización es Yelena Sevich, quien pensaba que con el Ingreso Mínimo Vital bajaría su actividad, pero “no ha bajado el número de peticiones y constantemente tenemos una lista de espera de 50 personas”. Estas personas viven al día y dependen totalmente de la voluntad y la colaboración del barrio. No tienen ningún apoyo institucional.

Desgraciadamente, lo peor parece que está aún por llegar. En días de lluvia, como esta semana en Madrid, la situación se complica. “Estamos preparando mantas para los que duermen en la calle. Hoy mismo, fue un día lluvioso, en la Iglesia de San Antón se estaban mojando”, cuenta el padre Ángel, mientras reconoce que es positivo en cuanto a la solidaridad, la cual “ha calado y no hace falta ser una ONG para dar de comer”.

GN DIARIO – JUAN CARLOS FIGUEREO BENÍTEZ

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Las ‘colas del hambre’ exigen al Gobierno «menos ayudas y más trabajo para poder salir de aquí»

Las colas de personas guardando la fila para recoger algo de comida para el día continúan siendo una constante en España. OKDIARIO ha visitado la Junta Municipal de Fuencarral – El Pardo (Madrid) donde reparten cerca de 2.000 menús diarios. Estas personas piden al Gobierno «menos ayudas y más trabajo para poder salir de aquí».

Los rostros de la crisis post-coronavirus son muy diversos. Los españoles que llegan no quieren hablar a cámara. Los extranjeros no tienen inconveniente. En todo caso, señalan que llevan hasta 8 y 10 años en nuestro país: «Somos españoles también», destacan. La mayor parte tienen en común que perdieron sus trabajos y se ven ante la necesidad de acudir por primera vez a los servicios sociales.

En lugar de ayudas sociales subrayan que están desesperados por trabajar «de lo que sea». Localizamos a personas con formación universitaria que tras llegar de países como Venezuela, Colombia o Ecuador se ven empujados a las ‘colas del hambre’ por la gestión del coronavirus.

«Vivo con tres sobrinos, uno de ellos está en un ERTE pero no llega el dinero. A otra persona que tengo en casa le ha dado un infarto y tuvimos que llevarle al hospital», relata con dureza una mujer que se dedica a la limpieza de pisos.

Contra las «pagas»

Otra mujer, en este caso de Europa del Este, comenta que tiene dos hijos y a su propia madre mayor en casa. La situación es complicada y «no queda otra» que acudir a la caridad.

Un hombre de origen gitano que se dedica a la chatarra y vive en una zona de chabolas subraya que no tiene mucha esperanza en el Gobierno. Señala que no quiere subsidios y sí ayuda para encontrar un trabajo para ganarse el pan. «Tengo cinco niños y dos adultos en casa, eso es imposible de mantener y como yo somos más de 20 familias en el poblado», explica.

En este misma línea otra mujer española coincide en que las pagas desincentivan la búsqueda de empleo. «No van a querer volver a sus trabajos porque se van a acomodar a las ayudas», lamenta.

Una mujer venezolana explica que fue directora contable en su país de origen pero ante la mala situación política se vio obligada a emigrar con su hija a España. Sin trabajo, busca que tejer ganchillo se convierta en una salida para tratar de vender ropa fabricada por ella misma. Otra compatriota que encontramos en la fila encuentra similitudes entre el país caribeño y la crisis que comienza en España: «Hemos pasado mucha dificultades en mi país, ahora parece que llegan aquí».

OKDIARIO

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LAS LIMOSNAS

La limosna es un dinero que se da a los pobres, mendigos, etc. a cambio de nada. Cuando se da a la iglesia tiene valor de ofrenda.En la mayoría de las religiones la limosna es considerada como una ofrenda a Dios. Sirve para liberar del pecado y para compensar nuestras malas acciones, y evitar así remordimientos de conciencia.

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